En el barrio El Bosque, un pequeño invernadero de plantas únicas se lleva la atención de quienes visitan la casa de Facundo Gómez y Fátima Pasteris. En el largo, tupido y verde patio de la pareja, además del limonero, los mangos que al caer golpean las chapas, una huerta de tomates cherry, hierbas aromáticas y animales, hay una construcción de no más de dos metros cuadrados que guarda Venus atrapamoscas, sarracenias, trampas de pelos pegajosos -conocidas como rocío de sol- y trampas de tubos para insectos. En ese invernadero hay un centenar de plantas carnívoras que la pareja produce y vende a todo Tucumán.
El mundo vegetal que habita ese espacio parece sacado de otro paisaje. La Dionaea muscipula, conocida popularmente como Venus atrapamoscas, fue descripta por Charles Darwin como “una de las más maravillosas del mundo”, y pocos que hayan presenciado cómo una de sus trampas se cierra sobre un insecto estarían en desacuerdo. La planta atrae a sus presas mediante un néctar dulce y, cuando un insecto toca sus pelos sensitivos, una descarga eléctrica provoca el cierre de la trampa. Sus dientes se entrelazan y forman una jaula de la que la presa ya no puede escapar.
Las droseras, en cambio, recurren a otro mecanismo. Sus hojas están recubiertas por vellos llamados tricomas, que secretan un mucílago pegajoso donde los insectos quedan atrapados. Luego, enzimas producidas por la planta se encargan de la digestión. Elevan pequeñas flores rosadas, delicadas y contrastantes con el carácter depredador que les da fama.
Un aprendizaje a prueba y error
Facundo llegó a este universo por curiosidad y perseverancia. “Empecé hace 10 años. Al principio fue bastante frustrante porque las primeras plantas se morían muy rápido”, contó. La falta de información fue determinante. “Ahí surgió la idea de empezar a venderlas de una manera más seria, acompañando a la gente”, explicó.
El joven cuenta que el primer paso fue conseguir material genético. “Hice dos cosas: por un lado conseguí plantas y, por otro, traje semillas de España”, relató. El proceso, en ese entonces, resultaba complejo para él: “Había que usar páginas que no aceptaban transferencias, todo se pagaba con Bitcoin y las semillas llegaban por carta. ¡Un lío!”, recordó. Con el tiempo, la logística cambió, pero también su propio recorrido personal. Facundo estudió Biología, aunque no finalizó la carrera, y hoy trabaja como programador. Fátima, su compañera, es profesora de Biología, tenía una huerta orgánica y entiende del tema.
Del ensayo al emprendimiento
Durante un tiempo, Facundo compartió sus avances en Facebook, cuando Instagram aún no tenía el protagonismo actual. Luego, la pandemia y la vida académica hicieron que el proyecto quedara en pausa. El relanzamiento llegó en 2024, cuando ya estaban en pareja. “Fátima ya tenía su propio emprendimiento, relacionado con huerta, lombrices y otras cosas, y veíamos que su página funcionaba muy bien. Le propuse retomar la idea de las carnívoras, crear una página nueva y dedicarnos de lleno a eso”, contó Facundo.
El cambio fue inmediato. “Cuando dejamos la huerta y nos pasamos completamente a las carnívoras explotó el número de mensajes”, afirmó. El crecimiento en redes se tradujo en ventas. “El año pasado vendimos alrededor de mil plantas, y el anterior fue un número similar”, precisó.
De la semilla a la trampa
El proceso de producción comienza lejos de la tierra común. “No usamos tierra. El sustrato es una mezcla de turba y perlita, aproximadamente 70% turba y 30% perlita”, explicó Facundo. La turba es un material orgánico natural, formado por la descomposición de plantas en zonas pantanosas y La perlita, es un mineral de origen volcánico convertido en pequeñas piedras blancas.
Estas cinco plantas ahuyentan mosquitos en verano y casi no requieren cuidadosLas plantas carnívoras obtienen los nutrientes de lo que atrapan, no de sus raíces, y en la naturaleza crecen en suelos ácidos y pobres. Las semillas se esparcen en bandejas con perforaciones que se apoyan sobre otras con agua destilada, lo que mantiene la humedad constante. “A los tres meses empiezan a crecer y en verano el proceso es más rápido”, detalló Gómez.
Desde la siembra hasta una planta lista para la venta transcurre casi un año. Primero germinan, luego se trasplantan cuando la roceta alcanza el tamaño aproximado de una uña y continúan su desarrollo en macetas pequeñas durante varios meses.
La producción se centra en muchas variedades de carnívoras. “Las venus son las que más vendemos. En Navidad vendimos miles de plantas”, reconoció. En cuanto a la alimentación, aclaró que no requieren intervención humana. “Ellas solas atraen lo que necesitan”, dijo, y explicó que el tamaño de la trampa determina el tipo de insecto que capturan.
Clima y educación
El clima tucumano resulta favorable, aunque exige atención. “Son plantas de exterior, pero de media sombra”, explicaron. El sol directo puede quemarlas, y los principales riesgos se concentran en la luz intensa, el exceso de humedad y las plagas. El riego se realiza desde abajo, mediante bandejas, siempre con agua destilada, y con pausas controladas cuando la bandeja se seca.
Estas son las tres plantas que no deberíamos tener nunca en casa, según el Feng ShuiLas plagas no suelen ser frecuentes, sobre todo en hogares con pocas plantas. “Cuando aparece una plaga aislamos la planta del resto”, explicaron. Esa misma lógica de cuidado es la que buscan transmitir a quienes compran.
Para Fátima, ese acompañamiento tiene un valor educativo central. “La gente se emociona mucho. Muchos nos dicen que nunca habían visto algo así”, contó. El proyecto también llegó a un colegio: “Cada alumna de El Huerto se llevó una planta y recibió una explicación básica sobre cómo cuidarla”, relató. Luego, registraron el proceso y presentaron los resultados en una Feria de Ciencias. “Algunas plantas siguen hermosas y otras se murieron, pero todas sirvieron para educar sobre el tema”, afirmó. La experiencia permitió aprender, observar y entender de cerca un mundo vegetal que, aunque parezca extraño, se abre paso en un patio tucumano.
Guía básica para mantenerlas sanas
Las plantas carnívoras requieren cuidados específicos para crecer sanas y fuertes. Aunque son de exterior, pueden ubicarse en interiores luminosos, siempre que se respete su necesidad de luz y humedad. Es importante no moverlas de un lugar a otro, ya que, como cualquier planta, sufren los cambios bruscos. Uno de los puntos centrales es el riego. La maceta debe colocarse dentro de una bandeja con agua hasta la mitad para que la planta absorba desde abajo. Cuando el agua se consume, se debe dejar pasar un día y volver a rellenar. En verano, el riego debe ser constante. Solo se recomienda usar agua de lluvia, agua destilada o agua desmineralizada del aire acondicionado. No se debe utilizar agua de la canilla, filtrada ni mineral. La luz varía según la especie. Las sarracenias necesitan mucho sol directo, con cuidado del sol intenso del mediodía en verano. Las venus requieren medio día de sol y las droseras prefieren sombra, con un máximo de tres o cuatro horas de sol. En cuanto a plagas, si aparecen orugas o insectos grandes, se pueden retirar con la mano. Para plagas pequeñas, como cochinillas, se recomienda usar un pincel pequeño y quitarlas con cuidado. En casos puntuales se pueden aplicar productos, siempre en dosis mínimas, ya que son plantas sensibles. No se deben usar fertilizantes ni pesticidas ni alimentarlas con carne o insectos muertos. A medida que crecen, las hojas más viejas se tornan negras, un proceso natural que permite el desarrollo de nuevas hojas.